Y es que entre tanta chingadera uno a veces se olvida de escribir. Sigo a veces sin entender porqué, después de tanto tiempo, este Excmo. y Rvdo. Blog sigue teniendo visitas, pero la verdad es que así lo es. El respeto a los lectores (casuales, supongo) hace que siga teniendo un poco de remordimiento y ansia hacia este espacio, el cual dedicaré una parte de mi fragmentado tiempo. Creo que es un buen día para promulgar nuevas obligaciones. Y ya.
martes, 5 de febrero de 2013
domingo, 2 de septiembre de 2012
Partidas que duelen
Ayer, la persona que me brindó empleo por primera vez falleció. Una noticia que me impactó profundamente, ya que por diversas situaciones siempre ha sido un referente para mí, más allá del distanciamiento que sufrimos a últimas fechas por circunstancias de la vida, como suele decirse.
Y no lo recuerdo tanto porque haya sido mi primer patrón, ni mucho menos; a Nacho lo conocí desde muy chico, cuando íbamos a su palco en el Estadio Morelos a ver en ese entonces al Atlético Morelia. En ese tiempo no sabía mucho yo del futbol como espectáculo; una parte importante de mí nació ese día que entré a ese palco por primera vez y ver el brillantísimo verde del césped del estadio, mientras Nacho (firmemente) me señalaba cuál era mi lugar y me invitaba a sentarme. Nunca he visto mejor los partidos del Morelia que en ese palco, quizá por ser un grato recuerdo infantil, quizá por la consagrada ubicación del mismo, quizá por la gran sorpresa y los grandes momentos que vivimos ahí.
Muchos fueron los partidos que vimos en aquel lugar; el palco número 20 de mezanine oriente, si mal no recuerdo. Al finalizar el partido en curso, un domingo cada quince días, jugábamos en el pasillo de entrada con su hijo (Nacho Chico) con pequeños balones que él nos compraba por una treintena de pesos y, en general, siempre había una historia qué contar, algo qué resaltar de las idas al estadio y que me provocaban una profunda sensación de tranquilidad, de bienestar. No ubico exactamente cuándo fue que dejamos de ir al palco con mi papá, pero siempre recordaré ese tiempo como una gran fuente de alegría en mis años mozos.
Ya un poco más grande, de 15 años, tuve la oportunidad de trabajar en su empresa de lácteos y carnes frías. El trabajo era pesado para mi edad y la paga no era mucha, aunque para mi corta edad y nula experiencia laboral sentía que el dinero recibido era justísimo y merecidísimo. Nunca, hasta la fecha, he trabajado tan arduamente y con aquella ilusión primaria como en aquel tiempo; las jornadas laborales eran agotadoras y prácticamente diario salía rendido de ese trabajo, pero con la firme satisfacción de haber sudado peso por peso de mi trabajo. Nacho siempre estuvo al pendiente de mis avances laborales, y, claro está, cometí muchas torpezas en ese entonces, propias de la inexperiencia de la edad. Nunca me reconvino seriamente; quizá dos o tres palabras firmes pero ligeras me hacían repostar y enmendar, en dado caso, cualquier desaguisado hecho. Así transcurrieron dos meses de trabajo, y ahí fue en donde empecé a admirar a esta persona que ayer partió.
Al final de mi breve período de trabajo, me brindó algunas palabras de aliento y de paciencia. Pareciera que me veía como alguien suyo, como alguien a quien le importaba su futuro, y son palabras que recuerdo al día de hoy con gran orgullo y veneración, ya que en su tiempo fueron un gran aliciente para seguir con los primeros planes que trazaba en mi vida.
De mirada firme, de caracter aún más firme, malhumorado y autoritario, así era la facha de Nacho. Siempre me impactó la seguridad y el tono de sus frases, la dureza de sus palabras y la exigencia que en ellas reflejaba. Al paso del tiempo, cuando lo conocí un poco más, me dí cuenta que lo que su verdadera intención era procurar lo mejor para las personas que quería y que sobre todo cuidaba de su lugar y de los suyos como poca gente lo hace. En un mundo lleno de falsedades e hipocresías, Nacho se distinguió siempre por su entereza, por su sinceridad y sobre todo por brindar siempre una franca amistad. Después de mi experiencia en "Prolacfri", y teniendo yo también más ocupaciones y menos tiempo libre, dejé de verlo por un buen tiempo, pero siempre perduró en mí ese sentimiento de gratitud hacia él, por su infinita confianza y su severa franqueza.
La última vez que nos vimos fue, paradójicamente, en el funeral de mi tío Víctor. Generoso y gentil, nos ofreció algunos tentempiés y "un fuertecito, para la desvelada". Recuerdo haberlo saludado con gusto, siempre como era, inexpresivo en su mirada, pero fuerte en su corazón, me brindó un fuerte saludo y un caluroso abrazo.
Esa fue la última vez que abracé a Nacho Godínez. Esa fue la última vez que físicamente lo ví, claro, sin saberlo, y esa fue la última oportunidad que tuve para decirle y comentarle lo agradecido y la gran estima que le tengo, pero no se lo dije. Uno siempre espera que las cosas se acomoden para que sucedan de acuerdo a nuestros pensamientos, pero no siempre (es más, creo que casi nunca) es así. Sirvan estos breves párrafos para honrar la memoria de alguien que supo inculcar en mí varios valores trascendentales, de una forma muy particular, pero que siempre tendré presente en mí.
Gracias por todo Nacho, descansa en paz.
Y no lo recuerdo tanto porque haya sido mi primer patrón, ni mucho menos; a Nacho lo conocí desde muy chico, cuando íbamos a su palco en el Estadio Morelos a ver en ese entonces al Atlético Morelia. En ese tiempo no sabía mucho yo del futbol como espectáculo; una parte importante de mí nació ese día que entré a ese palco por primera vez y ver el brillantísimo verde del césped del estadio, mientras Nacho (firmemente) me señalaba cuál era mi lugar y me invitaba a sentarme. Nunca he visto mejor los partidos del Morelia que en ese palco, quizá por ser un grato recuerdo infantil, quizá por la consagrada ubicación del mismo, quizá por la gran sorpresa y los grandes momentos que vivimos ahí.
Muchos fueron los partidos que vimos en aquel lugar; el palco número 20 de mezanine oriente, si mal no recuerdo. Al finalizar el partido en curso, un domingo cada quince días, jugábamos en el pasillo de entrada con su hijo (Nacho Chico) con pequeños balones que él nos compraba por una treintena de pesos y, en general, siempre había una historia qué contar, algo qué resaltar de las idas al estadio y que me provocaban una profunda sensación de tranquilidad, de bienestar. No ubico exactamente cuándo fue que dejamos de ir al palco con mi papá, pero siempre recordaré ese tiempo como una gran fuente de alegría en mis años mozos.
Ya un poco más grande, de 15 años, tuve la oportunidad de trabajar en su empresa de lácteos y carnes frías. El trabajo era pesado para mi edad y la paga no era mucha, aunque para mi corta edad y nula experiencia laboral sentía que el dinero recibido era justísimo y merecidísimo. Nunca, hasta la fecha, he trabajado tan arduamente y con aquella ilusión primaria como en aquel tiempo; las jornadas laborales eran agotadoras y prácticamente diario salía rendido de ese trabajo, pero con la firme satisfacción de haber sudado peso por peso de mi trabajo. Nacho siempre estuvo al pendiente de mis avances laborales, y, claro está, cometí muchas torpezas en ese entonces, propias de la inexperiencia de la edad. Nunca me reconvino seriamente; quizá dos o tres palabras firmes pero ligeras me hacían repostar y enmendar, en dado caso, cualquier desaguisado hecho. Así transcurrieron dos meses de trabajo, y ahí fue en donde empecé a admirar a esta persona que ayer partió.
Al final de mi breve período de trabajo, me brindó algunas palabras de aliento y de paciencia. Pareciera que me veía como alguien suyo, como alguien a quien le importaba su futuro, y son palabras que recuerdo al día de hoy con gran orgullo y veneración, ya que en su tiempo fueron un gran aliciente para seguir con los primeros planes que trazaba en mi vida.
De mirada firme, de caracter aún más firme, malhumorado y autoritario, así era la facha de Nacho. Siempre me impactó la seguridad y el tono de sus frases, la dureza de sus palabras y la exigencia que en ellas reflejaba. Al paso del tiempo, cuando lo conocí un poco más, me dí cuenta que lo que su verdadera intención era procurar lo mejor para las personas que quería y que sobre todo cuidaba de su lugar y de los suyos como poca gente lo hace. En un mundo lleno de falsedades e hipocresías, Nacho se distinguió siempre por su entereza, por su sinceridad y sobre todo por brindar siempre una franca amistad. Después de mi experiencia en "Prolacfri", y teniendo yo también más ocupaciones y menos tiempo libre, dejé de verlo por un buen tiempo, pero siempre perduró en mí ese sentimiento de gratitud hacia él, por su infinita confianza y su severa franqueza.
La última vez que nos vimos fue, paradójicamente, en el funeral de mi tío Víctor. Generoso y gentil, nos ofreció algunos tentempiés y "un fuertecito, para la desvelada". Recuerdo haberlo saludado con gusto, siempre como era, inexpresivo en su mirada, pero fuerte en su corazón, me brindó un fuerte saludo y un caluroso abrazo.
Esa fue la última vez que abracé a Nacho Godínez. Esa fue la última vez que físicamente lo ví, claro, sin saberlo, y esa fue la última oportunidad que tuve para decirle y comentarle lo agradecido y la gran estima que le tengo, pero no se lo dije. Uno siempre espera que las cosas se acomoden para que sucedan de acuerdo a nuestros pensamientos, pero no siempre (es más, creo que casi nunca) es así. Sirvan estos breves párrafos para honrar la memoria de alguien que supo inculcar en mí varios valores trascendentales, de una forma muy particular, pero que siempre tendré presente en mí.
Gracias por todo Nacho, descansa en paz.
domingo, 11 de marzo de 2012
La levedad del ser
3/11/2012 09:42:00 p. m.
No comments
Valga la presente como una entrada escrita en una nueva plataforma, aunque redundará (así lo espero) en el mismo blog; su blog de confianza, ése que comenta las cosas como son.
Y no es que me dé hueva entrar a Blogspot no me interese mantener este blog, simple y sencillamente los espacios en el tiempo se reducen y apenas se va recapacitando en la necesidad de crear una entrada cuando ya pasó un año. En fin.
Esperemos que de este modo podamos revivir aunque sea mínimamente este espacio de ChessBor en la red; ese espacio en el que las cosas se dicen, así como son.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Vergüenza Deportiva: El Agandalle
9/01/2011 04:30:00 p. m.
No comments
Cínicamente el señor de la fotografía, Decio de María (aka Pedro Armendáriz región 4 xD) ha comentado que la situación vivida por el joven Rivera (caso hablado y rehablado, tag: "agandalle") fue indignante y lo que molesta al Poderosísimo, Gloriosísimo y Campeonísimo (sic, sic y recontra sic) Atlas de Guadalajara es la situación del "Agandalle". Que hay un "agandalle" de jugadores. Qué pinche descaro.
Y comento que es un descaro, porque verdaderamente la situación es vergonzosa para con cualquier persona que posea dos dedos de frente. El hecho de buscar una mejor oportunidad de trabajo, de valorar el talento propio y no permitir de ninguna manera el pisoteo y el agachamiento por parte de un sector privilegiado del deporte hace que ipso facto se procure la desacreditación, el veto y el exilio profesional por parte del jugador en cuestión... Nada más retrógrada y autoritario.
Y, verdaderamente, considero que ahora sí están las condiciones dadas para poder lograr algún avance significativo en contra del famoso pacto de caballeros. Medios de comunicación, futbolistas y la sociedad en general condenan un hecho tan ruin, por lo cual se podría realizar una reglamentación en firme que regule y excluya de una vez por todas este famoso pacto que lo único que aporta es miedo y cerrazón para con los miembros involucrados en la Femexfut.
Venga, desde este breve espacio, la mayor condena a este tipo de marranadas, y el apoyo total a que se logre abolir este tipo de situaciones extra cancha que sólo tratan de manchar al balón...
viernes, 19 de agosto de 2011
Repensando el ajedrez
Desde siempre me gustó. Me llamaba mucho la atención, vamos. Sin embargo, no fue sino hasta la secundaria cuando verdaderamente me decidí a entrarle al juego de los escaques y trebejos; a ese adictivo cuadrado de 8x8 en el cual libraría las más feroces batallas desde esos ya un poco lejanos días hasta el día de hoy.
Nunca supe si en verdad era bueno. Sólo sé que gané el torneo interescolar cuando me encontraba en tercer grado (secundaria), que fue mi refugio para olvidar algunas experiencias amorosas complicadas ( xD ) y que era lo que había tomado como adicción en un tiempo en el que la perdición huma (#oknot) comenzaba a aflorar en tantas versiones fallidas. Aprendí bastante teoría, muchísima práctica, y en realidad era una pasión que me desbordaba en esos tiempos secundarianos, al grado de perder dos novias (nunca las quise, he de mencionar y confesar) por estar los tres recesos metidos en la biblioteca, jugando ajedrez.
Y luego de la secundaria, así como a mi amor platónico, lo dejé por completo. Una partida de ajedrez es como un vaso de agua, no se le niega a nadie, y la verdad es que en un período de aproximadamente trece años tuve poquísimos rivales dignos de ser recordados, y aún menos los que me dieran un verdadero aprendizaje en el tablero: caí en algún tipo de mediocridad y resignación en referencia a estos temas, relegando cualquier intento real por retomar el camino del deporte ciencia a unas cuantas partidas amigueras totalmente caseras.
Lo único que conservé de El Ajedrez fue el pseudónimo: Chess. ChessBor (compuesto) es y ha sido la forma en que muchas personas me reconocen, siendo Chess "el de cariño". Y me gusta, no podría decir que no, aunque a fuerza de ser sincero en todo este tiempo nunca hice justicia al alias, y tampoco a mi yo interno que anhelaba profundamente algún tipo de competencia ajedrecística que me ayudara a retomar el rumbo perdido.
Llegó hasta ahora en el 2011. Algunos contactos me acercaron al Torneo Abierto Estatal 2011, el cual ha marcado la pauta para mi regreso a los tableros, brindándome varias experiencias gratísimas en un período relativamente breve de tiempo (mayo a la fecha). Y sólo jugando es como uno realmente se da una idea general del nivel que puede uno llegar a desarrollar en cuanto a estrategia ajedrecística se refiere: muchos podrían pensar que el ajedrez es estricta teoría, pero en definitiva puede tener muchas más aplicaciones y conocimientos heredados a partir de la práctica periódica y enfocada a la mejora de las rutinas de movimiento aprendidas en tiempos pasados, una constante y brillante forma de entregarnos a la lúdica tarea de mostrar una mejor estrategia que el oponente.
No pudiera negar que me ha costado mucho trabajo involucrarme en una dinámica más o menos periódica dentro del juego; mis contrincantes son personas que verdaderamente tienen un nivel dentro del ajedrez estatal, y eso es lo que hace aún más interesante el hecho de poder participar en una competición de este tipo. El simple y sencillo placer de poder estar frente a frente con una persona que ostenta algún título relacionado con el ajedrez es inigualable. He ganado, perdido (no empatado!), y los resultados han sido mucho mejores de los que yo hubiera esperado. Todos y cada uno de mis rivales me han enseñado lo importante que es tener sumo respeto de ellos, y recíprocamente ellos también me han dado un lugar dentro del torneo, mi primer oficial (a mis 29!) dentro del ramo. El conocimiento que he adquirido no es aplicable a 13 años de ausencia, pero sí puedo presumir que en tres meses he aprendido más que en varios años de no ejercer nada; el hecho es que esto me compromete, en cierto modo, a seguir cultivando mis esfuerzos para con este reencuentro que he tenido, y a tener la firme idea de poder en un tiempo relativamente corto situarme dentro de la primera fuerza estatal, y de ahí en adelante...
El tiempo (edad) pudiera correr en mi contra, pero... no es así siempre que uno empieza a jugar ajedrez?
Página de la asociación de ajedrez en michoacán: http://www.ajedrezmichoacan.com/
P.D. Ya tenía una etiqueta por ahí de Ajedrez. Esto es lo que escribí hace como tres años.
lunes, 30 de mayo de 2011
Inesperado.
Muchas de las ocasiones en las cuales pretendemos la consecución de un hecho es porque hemos llogrado o intentado algo para la culminación del mismo hecho en sí; en palabras coloquiales, uno hace las cosas con un fin determinado, o para conseguir algo. Sin embargo, existen ocasiones en las cuales uno no tiene la más mínima idea de porqué suceden las cosas. Es lo bonito de vivir, lic xD, muchas veces el destino nos tiene preparadas ciertas sorpresitas (algunas buenas, otras malas, como siempre) para quitarnos de eso que la gente llama rutina. BTW en estos momentos el destino me ha jugado una, que me ha gustado bastante. Veremos, ya veremos.
viernes, 18 de marzo de 2011
Plataformas huecas
Utilizo Internet Explorer por el simple hecho de que mi profesión, que es la contabilidad, se apoya cada vez más de recursos técnicos provistos por las diversas autoridades recaudatorias; éstas, a su vez, poseen plataformas tan bajas y rudimentarias que es un parto el querer utilizar otro navegador distinto a IE, por problemas de compatibilidad.
Intenté un tiempo con Firefox; No niego que es un gran navegador, rápido, intuitivo y muy estable. Sin embargo, los plug-ins necesarios para el óptimo funcionamiento de aplicaciones fiscales me hizo desistir de plano de su uso: lo mismo pasó con Google Chrome y con Safari de Apple.
Es inclusive tan mala la arquitectura que nos muestra el imss, portales bancarios, el mismo sat, que la óptima opción para lograr la plenitud en cada interfaz que la mejor opción es, claro! Tener varias computadoras y dedicar una configuración precisa a cada una, a fin de poder acceder a las utilidades de cada plataforma de la mejor forma.
Irónico, paradójico, en una época en la que podríamos presumir tener cientos de programas en una PC, que se tenga que recurrir a cavernalidades como las que acabo de mencionar. Triste, pero cierto.
Lo peor de todo es que cada uno de los proveedores fiscales parece ensimismado en su idea, así que no veo una estandarización de Java, por ejemplo, o el acoplamiento de certificados de seguridad de las páginas bancarias para con el explorador. Es inconcebible que para entrar a un banco, por ejemplo, tenga que desactivar todas las características de seguridad de Activex y applets: Un banco, que se supone debería ser vanguardia dentro del manejo de seguridad y cifrado de datos, que expresamente pide la inhabilitación de esas caracterísitcas de seguridad, por citar un ejemplo.
El IMSS posee el honrosísimo primer lugar al server más lento, saturado, obsoleto e inútil de las dependencias gubernamentales. Del asco, de plano nada qué decir de este instituto que roba patrones para matar pacientes a un elevado costo.
El SAT, a mi juicio, posee varias ventajas, siendo el menos malo quizá de las plataformas recaudatorias existentes. Posee una navegación interactiva, más o menos intuitiva, el plug-in que utiliza de Java es antiquísimo, lo que le brinda cierta estabilidad ante las computadoras más rezagadas, aunque para las más nuevas eso siempre representa un problema. Como sea, SAT ha sido punta de lanza en cuanto a tecnologías de la información se refiere, logrando estandarizar prácticamente todas sus utilidades y haciendo la experiencia del usuario un poco menos traumática.
Acaba de entrar IE9 al mercado. Seguro no entra el IMSS, per sé; tendremos que esperar el nuevo parche de la manga que saquen, si es que aún alcanzan a hacer eso. Chrome 10, el nuevo Firefox? Ni pensarlo. Encadenado a IE, no hay más.
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